Manías de los locos por los libros

Soy una gran apasionada de los libros, no solo de la lectura, si no del libro como objeto físico, y he recopilado varias manías (que tengo, no voy a mentir) que solo podrás comprender si eres un auténtico bibliófilo.

  1. Cuando voy a comprarme un libro siempre ojeo el primer ejemplar de la pila, pero, si decido comprarlo, lo descarto, porque sé que ese libro es el que ha mirado todo el mundo y prefiero uno completamente nuevo.
  2. Antes de comprarlo, repaso con sumo cuidado el ejemplar para asegurarme de que no tiene ningún roce en la portada o la contraportada, que ninguna página está doblada o tiene algún defecto.
  3. Me gusta el olor a libro nuevo y no dudo en abrirlos y olfatearlos.
  4. Cuando se trata de una saga, me gusta tenerlos todos de la misma edición y no dudo en comprarlos nuevos si es que ya tengo alguno de ediciones pasadas.
  5. Encontrar una primera edición o bien ediciones antiguas (si on clásicos) resulta un tesoro al que no puedo resistirme. Me lo compro fijo.library-1124718_960_720
  6. Cuando voy de viaje siempre visito el mayor número de librerías posible, o, como poco, las más conocidas.
  7. Colecciono ediciones diferentes de mi libro favorito, El Quijote.
  8. Si el libro que voy a comprar va precintado con plástico exterior, no lo compro si está abierto o se lo han quitado, aunque sea para ponerle la alarma. Quiero desprecintarlo yo.
  9. Nunca presto un libro que tenga firmado por su autor. Para mí es un tesoro irremplazable.
  10. Pasear por una feria de libros es para mí el día perfecto. ¿Qué mejor que estar rodeada de libros? Nada me relaja tanto como estar entre libros.

¿Tenéis las mismas manías? ¿Alguna más?

¡Feliz tarde y felices lecturas!

Cuando la melancolía llama a la puerta

 

escaparate

Caminando por las calles de mi ciudad, en medio de la vorágine de luces, adornos, ofertas y gente en estos días navideños, sin previo aviso, la nostalgia me tomó de la mano y guió mis pasos hacia rincones antes mágicos. Busqué aquellos pequeños comercios en los que la belleza y la ilusión eran la premisa en estos días, y descubrí con gran pesar que ya no existen. En su lugar hay establecimientos de cadenas de comida rápida, de café americano o de ropa en serie.
Ya no hay objetos únicos.
Ya no hay escaparates de ensueño con adornos singulares.
Ya no hay magia.

En eso consiste el viaje de la vida” pensé “en disfrutar cada momento y atesorarlo porque una vez ha pasado, lo más seguro es que no podamos volver a disfrutarlo más.
Porque nosotros ya no seremos nosotros.
Porque esos instantes son irrepetibles.
Porque esos lugares pueden desaparecer“.

Sin embargo, saber esto no me reconfortó, no me hizo sentir mejor, al contrario, sentí como la nostalgia me abrazaba con fuerza y la melancolía invadía mi corazón. Sentí una profunda añoranza de aquellos lugares, de los momentos allí disfrutados, de aquellas ilusiones y de la que era yo entonces.

Dicen que la nostalgia es exceso de pasado, tal vez es eso lo que he sentido, como ese pasado hermoso venía, como el fantasma del Cuento de Navidad, en un presente en el que ya no existe.

Mientras la nostalgia se va, buscaré atesorar nuevos recuerdos y trataré de descubrir nuevos rincones mágicos antes de que alguna franquicia los haga desaparecer…