Cuando la melancolía llama a la puerta

 

escaparate

Caminando por las calles de mi ciudad, en medio de la vorágine de luces, adornos, ofertas y gente en estos días navideños, sin previo aviso, la nostalgia me tomó de la mano y guió mis pasos hacia rincones antes mágicos. Busqué aquellos pequeños comercios en los que la belleza y la ilusión eran la premisa en estos días, y descubrí con gran pesar que ya no existen. En su lugar hay establecimientos de cadenas de comida rápida, de café americano o de ropa en serie.
Ya no hay objetos únicos.
Ya no hay escaparates de ensueño con adornos singulares.
Ya no hay magia.

En eso consiste el viaje de la vida” pensé “en disfrutar cada momento y atesorarlo porque una vez ha pasado, lo más seguro es que no podamos volver a disfrutarlo más.
Porque nosotros ya no seremos nosotros.
Porque esos instantes son irrepetibles.
Porque esos lugares pueden desaparecer“.

Sin embargo, saber esto no me reconfortó, no me hizo sentir mejor, al contrario, sentí como la nostalgia me abrazaba con fuerza y la melancolía invadía mi corazón. Sentí una profunda añoranza de aquellos lugares, de los momentos allí disfrutados, de aquellas ilusiones y de la que era yo entonces.

Dicen que la nostalgia es exceso de pasado, tal vez es eso lo que he sentido, como ese pasado hermoso venía, como el fantasma del Cuento de Navidad, en un presente en el que ya no existe.

Mientras la nostalgia se va, buscaré atesorar nuevos recuerdos y trataré de descubrir nuevos rincones mágicos antes de que alguna franquicia los haga desaparecer…